lunes, 28 de enero de 2013

La carta



Desperté. Mi cuarto era otra vez el mismo, pero yo no. La experiencia que acababa de tener me había cambiado de algún modo. Era como si acabara de nacer. Revivir la experiencia en el claustro materno había inyectado en mí una paz difícil de explicar, y, al mismo tiempo sentía que mi fuego interior estaba más encendido que nunca. Al salir de mi habitación encontré a mi padre donde siempre, pero él tampoco era el mismo. Su sillón ahora lo ocupaba un hombre sonriente y afectuoso. Se levantó para abrazarme, puso sus manos en mis mejillas y trató de decirme algo, pero su voz se entrecortó y sus ojos se llenaron de lágrimas. Trataba de decirme que me amaba con palabras, pero me lo dijo en silencio. Fui yo el que hablé. Le mostré el tatuaje de mi pecho y le conté la experiencia que recién había tenido, que había viajado al pasado y que mi madre y el  sello me habían llevado a conocer la fecha y el lugar exacto donde todo se consumaría. – El 19 de enero del 2013 tendré que ir a Chichen Itzá, para reunirme con los otros tres elegidos- le dije seguro y emocionado a mi padre, el lugar es el correcto-respondió-, pero la fecha no es la correcta.

Mi padre me contó que el día en que nací mi madre había actuado de extraña manera. Aunque ya no estaba trabajando por su avanzado embarazo, ella insistió en ir a Chichen para saludar a algunos guías compañeros de trabajo. Dijo que ese lugar la tranquilizaba y que todo estaría bien. Insistió en ir sola y mi padre no pudo convencerla de lo contrario. Llegaría al sitio al medio día y pasaría toda la tarde ahí. Al despedirse abrazó con fuerza a mi padre. Esa sería la última vez que la vez que la vería con vida.

Cuando él regresó del taller ella no estaba en casa, pero no se preocupó, pues recordó que ese día las ruinas cerrarían sus puertas más tarde; lo habían estado anunciando semanas antes. Él había tenido una dura jornada, así que se sentó es su sillón a descansar un rato mientras ella llegaba. Se quedó profundamente dormido.

Me despertaron 3 golpes en mi puerta, -dijo con tristeza mi padre- cada golpe sobresaltó mi corazón. Era pasada la media noche. Al abrir un oficial de la policía me dijo que tenía que acompañarlo a Tinum, un poblado cercano a las ruinas; ahí, en un sanatorio estaban tu madre y tú. El camino me pareció eterno. El oficial guardó silencio y solo acertó a contestar a una de mis preguntas. “el niño está bien, allá le darán más información”.

Al llegar a la clínica de Tinum, un agente del ministerio público  me estaba esperando para darme la fatal noticia. “El encargado de Chichen nos dio su dirección, siento informarle que su mujer dio a luz en las ruinas, y al parecer ahí perdió la vida”. Me leyó el parte. Este decía que poco antes de la media noche, el guardia nocturno vio una extraña luz en el área de la pirámide de Kukulkán, al parecer era fuego. Al aproximarse el fuego se había extinguido, pero en su lugar había encontrado a una de las guías tendida al pie de una de las cabezas de la serpiente emplumada y a su lado a un bebé recién nacido. Había llamado a las autoridades y a una ambulancia. Al revisar las pertenencias de la occisa, encontraron en su morral su gafete de identificación y un sobre cerrado aparentemente dirigido a alguien llamado Juan Antonio.

Las horas siguientes fueron una pesadilla. Firmaba papeles y oía voces sin plena conciencia y respondía sin saber realmente lo que decía. Un par de horas después, finalmente, una enfermera te puso en mis brazos envuelto en una frazada blanca, antes de salir el oficial me entregó las pertenencias de tu madre, el acta de defunción y el certificado de “nacido vivo”. Ya estábamos a punto de salir en la misma patrulla que me trajo, cuando salió corriendo la enfermera para darme una moneda que tu madre traía apretada en una de sus manos cuando la encontraron.

En el camino de regreso el silencio estaba cargado d dolor. Te sentí mover entre mis brazos, pero la escasa luz no me permitió verte. Al llegar a casa, sentado en este mismo sillón, te destapé y te vi por primera vez al tiempo que leía la carta que ella me había dejado. Sus palabras y tu apariencia dejaron clara su traición.  

Mi padre se incorporó y caminó unos pasos para traer la caja de madera de donde había sacado la moneda el día anterior, le quitó un doble fondo y sacó de ahí una hoja doblada para ponerla en mis manos. La carta decía lo siguiente:

Juan Antonio:

Estás líneas son las más difíciles que he escrito en mi vida, porque son para despedirme.
Tú sabes que por años desee ser madre y esperé ese momento con el alma. Por alguna razón se me negó por mucho tiempo, hasta que él apareció.

Hay cosas que no entenderías, porque ni yo misma las entiendo del todo, lo único que puedo decirte sin duda, es que es un gran amor el que me mueve, y que algún día entenderás mi decisión.

Si estás leyendo estas líneas es que algo me pasó. Te ruego que cuides a mi hijo y lo prepares para los tiempos difíciles que vienen.

Perdóname, Yexalen

Al leer la carta entendí los años terribles que había pasado mi padre. A pesar de eso él no me había dejado a mi suerte, y si bien no fue un padre amoroso, nunca me faltó sustento.

¿Me entiendes ahora? -dijo mi padre con un suspiro entrecortado- hoy leo esas líneas de otro modo y sé que escondían una verdad… un gran amor, a ti, a mí y a todos los seres que habitamos en este planeta.  En aquel tiempo tardé muchos días en superarlo, en guardar mi dolor y mi resentimiento. Fuiste tú, con tu sonrisa y tu mirada inocente, el que me hizo reaccionar. Pensé que nunca llegaría el momento de enseñarte esta carta, pero hoy me quedó claro que tenías que conocer toda la historia. No puedo permitir que faltes a esa cita que tienes con el destino.

Me dijo entonces que me fijara en la fecha de la carta. 21 de diciembre de 1997. Solo acerté a decir “hoy acabo de nacer de nuevo”.

viernes, 25 de enero de 2013

El habitáculo del dragón




Los pasillos y recovecos del edificio derruido parecían interminables. Laberinto era la palabra exacta que definía nuestro recorrido. La luz apenas iluminaba tres pasos adelante, pero ella no solo no parecía tener miedo, sino que sabía muy bien  hacia donde se dirigía. De pronto se detuvo frente a un muro al final de un andador y se agachó para remover un bloque de arcilla a nivel del suelo. El orificio que dejo apenas era de medio metro cuadrado, pero fue suficiente para que, arrastrándose pasara del otro lado. Mi madre recargó la lámpara de mano encendida en uno de los muros y eso fue suficiente para iluminar el habitáculo.  El espacio era amplio, pero extrañamente, sin puertas ni ventanas. Tres metros de ancho por seis de largo aproximadamente; los muros rectos hasta alcanzar dos veces la altura de mi madre. A partir de ahí se inclinaban formando una especie de techo de dos aguas que remataba en una viga de piedras. Al mirar en fondo de la habitación, daba la impresión de estar en una capilla. Al centro del espacio había una banca de piedra. Los extremos, esculpidos, presentaban la cabeza y la cola de un dragón. Fue ahí donde ella se sentó, cerró sus ojos, y, poniendo sus manos en el vientre empezó a entonar una suave canción en náhuatl:”koonex, koonex, palxen… xik tu bin, xik tu bin, yokol k´in” . No sabía que significaban esas palabras, pero su dulce voz y la melodía me decían que se trataba de una canción de cuna. Un sentimiento de infinita paz y amor me sobrevino. Las fechas no podían mentir, yo estaba ya en su vientre y me la estaba cantando a mí. Cerré los ojos también y al hacerlo sentí que me conectaba con el mí mismo que estaba dentro de mi madre. El sonido de su voz fue haciéndose lejano y en su lugar empecé a escuchar una melodía distinta. Era su corazón que se acompasaba con el mío, era  el ruido del flujo de su sangre, era su respiración. Todo lo que había vivido hasta ahora valía la pena y agradecía al universo al permitirme revivir esta experiencia olvidada.

 Abruptamente estaba de regreso. La lámpara, aun recargada en la pared, estaba dando sus últimos destellos, para dejarnos en una profunda obscuridad. Casi inmediatamente un punto de luz intensa comenzó a crecer al centro de la habitación, justo enfrente de mi madre. Era una esfera en cuyo interior giraba una espiral de fuego, muy similar al de mi moneda. Luego la esfera fue tomando la forma de dragón y finalmente se transformó en una figura humana muy familiar, era Na-Y.

Sin decir nada, como respondiendo a una orden telepática, ella se recostó en la banca, mientras que él imponía sus manos a unos 20 centímetros sobre su vientre. La espiral de fuego se materializó de nuevo, para introducirse lentamente en el cuerpo de mi madre. Unos minutos después la esfera regreso a las manos de Na-Y para convertirse en un moneda de luz. El silencio se rompió con la voz de él que decía “la tercera hebra fue encendida y las modificaciones genéticas se han llevado a cabo, cuando cumpla 15 años, tu hijo, uno de los elegidos, llevará a cabo su misión”. Mientras él hablaba, por extraño que parezca, volteó su mirada hacia el rincón de habitáculo donde yo estaba y me sonrió mientras me mostraba la moneda. Finalmente  regresó su mirada hacia mi madre y puso la moneda en su vientre mientras desaparecía.

La luz de la lámpara de mano encendió de nuevo. Mi madre se incorporó y emprendió el camino de regreso. Al salir ya era de noche. A lo lejos se oía una música muy bella y una luz intensa  se veía sobre las copas de los árboles. Mi madre caminó hasta que tuvo de frente  a la gran pirámide, ahí miles de personas escuchaban extasiados a un señor regordete vestido de gala… “Ma n'atu sole cchiu' bello, oi ne', 'o sole mio sta nfronte a te!,'o sole o sole mio, Sta nfronte a te ... sta nfronte. “.  El rostro de mi madre reflejó una gran emoción y mientras miraba hacia la cúspide de la pirámide dijo en voz baja: “Pero otro sol, aún más bello, mi sol, está frente a mí…está frente a mí”. Mi cuerpo empezó a llenarse de luz, era momento de regresar.

martes, 22 de enero de 2013

Las monjas



Sorprendido por lo que había descubierto, me perdí un momento haciendo cuentas. Unos segundos fueron suficientes para perder a mi madre de vista. Un sentimiento de angustia me sobrevino mientras, desesperado,  caminaba y giraba la vista para todos lados en su busca. Apostado en la esquina de la plaza el alma me volvió  al cuerpo, cuando entre la gente, vi a mi madre en la esquina contraria. La imagen y el sentimiento de alivio duraron muy poco. Un autobús se interpuso por unos momentos y al avanzar ella había desaparecido de nuevo. Estaba a punto de maldecir mi suerte, cuando la claridad regresó a mi mente. ¿En qué estaba pensando? Yo podía cambiar la situación. Entonces sin pensarlo metí la mano a mi bolsillo y saqué mi moneda; la apreté fuertemente entre mis manos mientras decía “estoy a un lado de Yexalen”. Repetí esta afirmación 3 veces y al hacerlo vi como la escena de los últimos minutos se regresaba ante mis ojos. El tráfico en reversa hizo que el camión volviera sobre su camino hasta que vi de nuevo a mi madre en la esquina. En ese momento abrí mis manos y viendo el sello ordené “llévame a su lado”. La moneda pareció cobrar vida y llenarse de luz y esa luz se transmitió a mis manos y al resto de mi cuerpo, después, como en los viajes anteriores con Na-Y, me desintegré y me reintegré a un lado de mi madre. Abordamos juntos el autobús. El letrero decía “Mérida -Valladolid”. No fue necesario adivinar nuestro destino: Chichen Itzá.

Sin una noción real dl tiempo, comprensible por lo que había vivido en los últimos días, calculo que recorrimos la carretera por aproximadamente dos horas. Durante el trayecto no me cansaba de mirar a mi madre. Su mirada, perdida en el horizonte, tenía un brillo muy especial. Su belleza superaba en mucho a lo que había visto en fotografías, y aun a la que había percibido en nuestros dos encuentros recientes. Transmitía mucha paz. De pronto pareció despertar de su ensueño para incorporarse y tocar el timbre pidiendo parada. Al bajar estábamos en un cruce. Una flecha indicaba hacia Tinum, otra hacia Chichen Itzá. Nos dirigimos hacia la ruinas, esta vez a pie. Al llegar al sitio el sol caía sobre los hombros. La entrada estaba resguardada y pensé que mi madre tendría problemas para entrar, pero ella abrió su morral y sacó una identificación que mostró al guardia de la entrada, este le sonrió y hasta la llamó por su nombre mientras le abría el paso.

El ancho camino hacia la pirámide estaba lleno de personas caminando de un lado a otro. Unos con cables y bocinas, otros con sillas y mesas. A la mitad del camino mi madre torció hacia la derecha y se adentró a la maleza por una estrecha brecha. Definitivamente se alejaba del templo a Kukulkán. Nuestro destino era otro. El sendero subía, bajaba y zigzagueaba de tanto en tanto, como si estuviera hecho por una serpiente. De pronto la selva cedió para mostrarnos un trio de ruinas mayas. Al frente una especie de capilla, a la izquierda el observatorio y a la derecha, justo a nuestro costado una gran edificación derruida. Un pequeño letrero mostraba una leyenda “Las monjas”.  A lo lejos se escuchaba lo que parecía ser una prueba del sonido. Recordé que el diario que había visto horas antes anunciaba un concierto frente a la pirámide, seguramente por eso esta zona arqueológica lucia desierta de turistas y, los guardias y guías estarían ayudando a acondicionar el lugar para el evento. Mi madre, después de voltear su mirada hacia todos lados, metió su mano al morral, sacó de él una pequeña lámpara de mano y, brincando una pequeña cerca que impedía el paso se encaminó hacia el interior. Mientras caminábamos por estrechos pasillos iluminados por una insipiente luz, sentí un calor extraño en el bolsillo de mi pantalón. Era el sello, que por alguna razón se había activado. Lo saqué de mi bolsillo y al tenerlo en la palma de mi mano recordé lo que mi madre me había anunciado antes de dormirme. …” deja que el sello te guíe al sexto sitio”. Una pregunta se instaló en mi mente, ¿sería este el sitio de reunión con los otros 3 elegidos? Estaba a punto de saberlo.

domingo, 20 de enero de 2013

La noticia



Un ligero ardor en el pecho me despertó. La moneda de oro aún brillaba cuando la tomé de nuevo entre mis manos e instintivamente la guarde en un bolsillo de mí pantalón. En su lugar quedó una especie de tatuaje con la espiral de fuego. Al levantarme me di cuenta que aunque estaba en mi habitación, esta lucía diferente. En lugar de estarme levantando de mi cama, estaba despertando en un viejo sillón tapado por completo con una sábana; alrededor estaban apiladas cajas. Las paredes estaban vacías y de un color distinto. Estaba preguntándome si estaba dentro de un sueño, o si este era otro de mis viajes cuando escuche ruidos afuera, entonces abrí un poco la puerta para ver que mi madre salía de su habitación y recorría el pasillo  hacia la cocina. Caminé por el pasillo siguiendo sus pasos. Al pasar por la puerta del cuarto de mis padres me di cuenta que la puerta estaba abierta. Al asomarme pude ver a mi padre aun recostado en su cama. Continué mi paseo hacia donde mi madre se encontraba. Al entrar al área social de mi casa, pude ver a mi madre tomando un morral colgado en un perchero y saliendo de la casa. Sin pensarlo salí detrás de ella.  Las calles del Barrio de Santa Lucía estaban tan tranquilas como siempre y el flujo vehicular estaba tranquilo como cada mañana cuando yo salía hacia la escuela. Caminando tras mi madre, a una veintena de pasos, vi como giró a la izquierda en la biblioteca. Unas cuadras adelante se detuvo en el parque como dudando hacia donde dirigirse.  Caminó primero como si se dirigiera hacia uno de los comercios u oficinas que se encontraban en uno de los 24 arcos de la ele que flanqueaba el parque, pero se frenó y corrigió el rumbo hacia el centro de la plaza. Ahí, junto al quiosco central se detuvo a mirar un improvisado puesto de periódicos apostados en el piso. Tomo entre sus manos un ejemplar y lo desdobló. Su mano lo recorrió de arriba abajo y se detuvo en la parte baja. Unos segundos después lo regresó a su lugar desdoblado y siguió su camino. Entonces aceleré mi paso tratando de leer lo que había llamado su atención, sin perder de vista a mí madre En la primera plana pude leer, 3 encabezados. El primero entrecomillaba la frase “Nunca más la guerra”. A un lado se desplegaba la foto de un Papa; el segundo decía que el santo sudario se había salvado de un incendio y, por último, al final de la página el tercero, resaltaba una noticia: Voces en Chichen Itzá. Un señor gordo vestido de gala aparecía a un lado. Antes de seguir los pasos de mi madre subí de nuevo la mirada. La fecha que registraba el diario era 13 de abril de 1997.

domingo, 13 de enero de 2013

La moneda



Mi padre salió del trance y la expresión regresó a su rostro. Otra expresión, no la de antes. Sus ojos brillaban y una gran sonrisa se dibujaba en su cara. Sin decir palabra recorrió la breve distancia que nos separaba físicamente y me abrazó por primera vez en toda mi vida. Luego rompió el silencio dirigiéndose a Na-Y, -no sé quién eres y no me puedo aun explicarme como esto está sucediendo, pero me has quitado un peso que cargaba desde hace mucho tiempo- dijo emocionado y luego, con el gesto de quien recuerda algo súbitamente, salió en carrera de la habitación diciendo- tengo algo que creo que deben tener. Na- Y sonrió y me dijo muy quedo “es momento que tengas el sello”. Antes de que ludiera articular palabra, mi padre regresó y me entregó una pequeña cajita de madera. Al abrirla encontré una moneda, al parecer de oro. La cara a vista tenía grabada una especie de cruz, una suástica delgada cuyos extremos, que apuntaban a la izquierda,  parecían coronados por 3 pequeñas estrellas. Al reverso tenía grabada una espiral de fuego. La dirección de la espiral era en contra de las manecillas del reloj. Ella la tenía apretada entre sus manos el día en que naciste-dijo mi padre-, a ella se le fue dada como parte del pacto que hizo- dijo Na-Y- y ahora llega a tus manos, en los próximos días se te revelará el uso que debes darle, ahora es tiempo de descansar, porque mañana nuestro viaje continua. Ya solo y recostado en mi habitación tomé la moneda entre mis manos y la puse pegada a mi pecho. Un calor y una luz intensos empezaron a desprenderse de ella, tan fuerte que tuve que soltar la moneda y dejarla sobre mi pecho. En la intensa luz se formó, como holograma, el rostro de mi madre, quien con una voz dulce me dijo- el fin de la polaridad está cerca, para que eso suceda deja que el sello te guíe al sexto sitio, ahí te reunirás con los otros 3 elegidos, que tu juego interior nunca repose. En un instante el calor y la luz desaparecieron y me dejaron sumido en un profundo sueño.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

El hilo de fuego

Con las palabras “Yo soy la verdad y la verdad mora en ti” aun repitiéndose como eco en mi mente nos desintegramos para viajar, según yo, al sexto chacra de la tierra. Para mi sorpresa no fue así. Na-Y y yo regresamos al “aquí y ahora” presente. Parecerían días los que estuvimos fuera, pero en realidad fueron minutos los que nos alejamos del patio de mi casa. ¿Por qué no continuamos hacia el sexto y el séptimo destino?-pregunté inmediatamente. Antes de visitar esos lugares, es necesario que tu verdad sea conocida por alguien más- me contestó señalando hacia la puerta trasera de mi casa- entremos a buscar a tu padre. Un sentimiento de ansiedad me recorrió el cuerpo, pero sin vacilar seguí la indicación que me daban. En el interior, sentado como siempre en la estancia estaba él. Una copa llena y una botella de brandy, descansaban en la mesita junto al sillón. Ahí también estaba la foto de ellos juntos. Su mirada estaba perdida hacia la nada. Es como si estuviera inmerso en sus recuerdos y en su dolor. Papá- dije en voz baja y titubeante- necesito que hablemos. Él no respondió y ni siquiera hizo el intento de mirarme. Quiero que conozcas a alguien- insistí aumentando un poco el volumen de mi voz- pero mi padre parecía no oírme. Entonces, Na-Y, con su voz grave e imponente dijo “Es tiempo de que conozcas toda la verdad sobre Ian y Yaxlen”. El nombre de mi madre fue como un dardo que se clavó en la espalda de mi padre. Inmediatamente y con un rictus de dolor en el rostro, él se giró hacia donde había salido esa voz y al encontrarse con mi acompañante palideció. Después, como si la rabia lo encendiera por dentro su cuerpo intentó abalanzarse sobre él y sus puños se apretaron, pero al cruzarse con mi mirada se detuvo y rompió su silencio. Salta a la vista el gran parecido de ustedes dos, supongo que ya te dijo quién es- dijo con su voz entrecortada. Sé quién es, pero no es quien tú piensas-respondí muy seguro- mi padre, aunque siempre lo has dudado, eres tú. Él solo compartió su genética para modificarme con un propósito más allá de toda imaginación. Mi madre estuvo de acuerdo, pero nunca te fue infiel. La expresión en el rostro de mi padre era de total desconcierto, abría su boca intentando articular unas palabras, pero nada salía de ella. Entonces Na-Y levantó su mano a la altura del pecho y de su mano derecha salió un hilo delgado de fuego, que lentamente se extendió hasta tocar el entrecejo de mi padre, quien estaba como congelado ante la situación. Nada malo va a pasarle, solo abro su mente para que pueda entrar la verdad- dijo tajante- . El hilo hizo escuadra en su frente y viajo hacia la mía. La transmisión de información había empezado.

martes, 18 de diciembre de 2012

La gran bocina

Al regresar mi voz y mi sentido auditivo, sentí como si el alma regresara al cuerpo. Miré a mí alrededor y quedé extasiado por el paisaje y por la maravilla de concierto que me ofrecía la naturaleza. Un concierto orquestado por el viento al rozar por las rocas y los arbustos de la gran montaña. Una melodía acompasada por miles de sonidos diminutos, apenas reconocibles, pero que supuse que eran producidos por la fauna del lugar. Cerré mis ojos para tratar de percibir cada detalle. La tierra está hablando y nadie parece escuchar- dijo Na-Y-, si pones verdadera atención, si escuchas no solo con tu oído, sino también con tu corazón, oirás los lamentos del séptimo planeta y la voz del que es, fue y será. El poder del verbo es inmenso. En la escala anterior de nuestro viaje con solo decir “hágase tu voluntad” activaste y abriste tu corazón para vibrar n armonía con el universo. Hace un momento, al contestar “yo soy Ian”, abriste el chacra de la expresión divina, porque al nombrarlo él actúa. ¿Al nombrarlo?-interrumpí extrañado- sí, continuó mi acompañante- quizá tu no lo sepas, pero tu nombre significa “Dios Misericordioso”, entonces al decir “yo soy Ian”, lo que en realidad pronunciaste fue “Yo soy Dios”. En este mismo lugar Moshé lo escuchó decir siglos atrás “yo soy el que soy” para después transmitirle los preceptos que nadie parece entender. Entonces comprendí que estaba parado en el mítico Monte Sinaí y cómo este lugar sagrado estaba relacionado a la expresión divina. Na- Y sonrió, y cómo si adivinara mis pensamientos, me aclaró que el quinto biogenerador estaba constituido por como un gran circulo en cuyo interior se trazaba un triángulo cuyas aristas tocaban, además de este lugar, dos sitios más. Me pidió que cerrara mis ojos de nuevo para mostrármelos. Primero me dejo ver un monte cuyas laderas estaban llenas de olivos. Aquí el avatar de la era anterior realizó un pacto con el creador al decir, como tú, “hágase tu voluntad y no la mía”. Al escuchar estas palabras sentí una inmensa paz. El otro sitio-continuó- es uno de los pocos lugares sagrados artificiales. Entonces la imagen cambió frente a mí y pude ver un conjunto de 3 pirámides. La más grande es como la garganta y el oído del planeta, por aquí fluye la verdad hacia el oído de los hombres. Por un lugar similar los Adamus tendrán que expresar muy pronto su nuevo propósito de vida. Aquellos que no han escuchado, no podrán expresar el nuevo pacto para poder regresar al origen. De pronto el silencio volvió, y antes de poder decir palabra, escuché una voz profunda que decía SAT NAM, pero en mi mente resonó “Yo soy la verdad y la verdad mora en ti”.

lunes, 17 de diciembre de 2012

La esfera azul

La velocidad con la que viajábamos era increíble, aunque sé que lo hacíamos convertidos en energía, mi conciencia me permitía ver y sentir el trayecto, era como si el viaje fuera por un tubo de luz. Las paredes, hechas de millones de partículas, parecía una cortina luminosa, y el sonido era similar al de una turbina de avión. Al dejar la gruta, lo hicimos bañados en una luz roja, pero a medida que avanzábamos fue cambiando. El color que ahora veía era un azul eléctrico, que de vez en cuando se tornaba plateado. La luz se fue haciendo más intensa, mientras que el sonido fue disminuyendo. Era señal de que estábamos llegando a nuestro nuevo destino. Al reintegrarse nuestros cuerpos Na-Y y yo quedamos de pie en la cima de una montaña. Algo que noté inmediatamente al llegar es que estábamos inmersos en un silencio total. Ni siquiera el sonido del viento, o el de mi respiración era audible. Era como si me hubiera quedado completamente sordo. Intenté articular unas palabras para interrogar a mi compañero, pero fue en vano. De mi boca, aunque se movía, no salía sonido alguno. Entonces escuché su voz, pero más que su voz era como una imagen mental de lo que decía. -No te alarmes querido Ian, hemos llegado al templo del verbo, al portal entre la mente y el cuerpo, a la esfera azul de la expresión divina. Formulé entonces una pregunta en mi mente y él pareció escucharla, porque de inmediato respondió, para reactivar este chacra de la tierra, y tu habla y tu sentido del oído se restablezcan, es necesario que contestes una pregunta… ¿Quién eres?, Ian, contesté telepaticamente, pero nada pareció cambiar. ¿Quién eres?, repitió él; soy Ian, mentalicé un poco desesperado. Silencio absoluto. ¿Quién eres?, escuché en mi mente por tercera vez. Entonces trate de calmarme, respiré hondo, y sin saber por qué, mi proyección mental fue…Yo soy Ian. Al hacerlo el sonido del viento golpeó mi rostro.

domingo, 16 de diciembre de 2012

Un rayo de luz



Un sentimiento sobrecogedor me invadió mientras la espada de luz atravesaba mi pecho. No sentía dolor, todo lo contrario, un infinito placer, una especie de flujo amoroso comenzó a recorrer todo mi cuerpo. Me sentía repleto de luz y de una calma asombrosa. En lugar de sentir que la vida se me escapaba, me sentí más lleno de vida que nunca. Entonces la espada desapareció por completo dentro de mi cuerpo y al voltear, vi como el agua del pozo estaba llena de una luz centelleante que subía proyectada hacia el orificio de la bóveda. La voluntad y el propósito amoroso han llenado el cuenco, el cuarto biogenerador ha sido encendido- dijo Na-Y – tú, como el avatar del cuarto éon, estuviste dispuesto a dar tu vida por amor a los otros, toma mi mano. Entonces caminamos hacia el cuenco, nos metimos en él  y nos dejamos bañar con su luz. Al hacerlo nos fundimos con el rojo, y convertidos en un rayo de luz fuimos proyectados hacia el infinito.

sábado, 15 de diciembre de 2012

La sangre



El diámetro del pozo era como de 3 metros a lo sumo. El agua teñida de rojo resonaba con fuerza, era como sentir y escuchar el pulso de alguien con ganas de vivir. La bóveda circular apenas y nos contenía. En la parte superior, justo encima del pozo había una pequeña abertura por la que pasaba un intenso rayo de luz que golpeaba el espejo de agua rubí. Este es el receptáculo dónde donde se une el instinto y el espíritu, tierra y Cielo- dijo Na-Y- es el centro del amor y solo el amor puede fusionar espíritu y materia. La unión con lo divino, con los chacras superiores, solo es posible si el grial es atravesado por la espada. ¿Quieres que lance la espada al agua?-pregunté vacilante- Mi acompañante movió la cabeza de un lado al otro y continuó diciendo- No es el corazón del planeta el que debe ser atravesado, sino el tuyo, de eso depende el destino de la humanidad. Si no lo haces, la transfiguración de los Adamus no se encenderá y el regreso al origen será imposible. Entonces el miedo se apoderó de mí. Mis piernas empezaron a temblar y mi respiración se agitó. Si estaba entendiendo bien, lo que se me estaba pidiendo ahora era quitarme la vida. Este era el final del viaje. Para esto había sido elegido, para llenar con mi sangre el cáliz y ayudar a mis congéneres a volver a la fuente. Si bien es cierto que mi corta vida había sido triste y solitaria, siempre me había ilusionado la idea de crecer, de encontrar el amor que tanto me había faltado, pero ahora el destino me ponía en una encrucijada. Mi vida a cambio de la vida de millones. Entonces la duda y el miedo se disiparon. Una gran tranquilidad y una profunda emoción me invadieron. Giré la espada y  recargue la empuñadura contra el muro de la cueva y puse el filo de la punta contra mi pecho. Cerré los ojos y le dije a mi fiel acompañante, mientras dejaba caer mi peso contra la punta de la espada “Si esto es lo que me pides, hágase tu voluntad”…

viernes, 14 de diciembre de 2012

El cuenco







El promontorio era de un verde intenso y la torre, clavada en la cima, parecía más bien la empuñadura de una lanza; hacia abajo, rodeando el islote, un agua calma. ¿Dónde estamos?, pregunté, Na-Y levantó su mano para tapar mi boca y me dijo- Escucha atentamente, cierra tus ojos y pon mucha atención. Entonces pude oírlo. Era un latido acompasado y apenas perceptible, para tratar de escucharlo mejor me hinque y puse mi manos sobre el musgo y la hierba que cubría la montaña. El pulso de la tierra era cada vez mayor y podía hasta sentirlo retumbar en mis manos. ¿No lo adivinas?, dijo Na-Y, de pronto una especie de certeza llego a mi mente y recapitulé nuestro viaje hasta ahora. Una travesía que había iniciado en Shasta, la cola del dragón, para ir ascendiendo. Estamos en la parte media del dragón, le dije seguro, este debe ser el corazón de la tierra. Él sonrió, me hizo una seña de que lo siguiera y empezó a caminar loma abajo hasta quedar en la parte media. Ahí se giró y me pidió que enterrara la espada frente a mí. Al hacerlo la espada aumentó su centellar y se fundió con el verde del pasto, para abrir una especie de cueva frente a nosotros. Tomé la espada de nuevo y entramos. La luz de la espada nos iluminó el camino y unos minutos después estábamos delante de una especie de gruta. En el centro nos esperaba un pequeño lago de agua rojiza. Este es el cuenco, el grial de la inmortalidad. Este es el corazón del séptimo planeta, dijo Na-Y.














miércoles, 12 de diciembre de 2012

El círculo de piedras



Es de noche. NA-Y y yo hemos llegado a un lugar extraño. Estamos al centro de una especie de monumento circular de piedras enormes. La espada aun centellea su verde en mis manos. Mi acompañante rompe el silencio. -Este no es el cuarto nemetón, solo es un portal, por esta puerta llegó el fuego del tiempo para nutrir la voluntad del hombre- Mientras habla, la espada se envuelve de fuego y vuela por el aire para incrustarse en una especie de altar al centro del conjunto megalítico. Ahí el juego se desprende  de la espada crece para dar forma a un enorme dragón. Saca la espada de la piedra y suban a mi lomo-dice el ser de fuego- es tiempo de que la vara impregne el cuenco. Con la espada nuevamente en mi mano y montados en el flamígero alado emprendimos el vuelo hacia un lugar cercano. Unos minutos después desde las alturas pude ver una especie de islote rodeado de pantanosas aguas. En la cima se erguía una gran torre. A su costado el dragón pisó de nuevo tierra. Antes de desaparecer se despidió diciendo: Ahora haz tu parte y deja que el fuego llene el vacío.

La espada



¿Moshé?-pregunté mirando fijamente a la serpiente- entonces saco su lengua y con ella tocó mi nariz a manera de saludo. Mi estomago se encendió y, a mi voluntad, la vara volvió a aparecer entre mis manos. De manera natural la usé de bastón para caminar hacia donde se encontraba Na-Y, a unos metros adelante. El sol brillaba intensamente sobre mi cabeza y, por primera vez en el viaje, me sentí como un simple mortal con las sensaciones físicas habituales. Al llegar ante mi amigo este sin voltear a mirarme me dijo ¿tienes sed?, usa la vara. Instintivamente apreté con mi puño la vara y la golpeé con fuerza en el suelo. La piedra bajo mis pies empezó a agrietarse hasta formar una especie de cuenco y éste se comenzó a llenarse de agua cristalina. Una vez que sacié mi sed intenté otro prodigio con la vara. La levanté señalando al sol. Entonces una gran nube comenzó a formarse de la nada y ocultó el sol y sus intensos rayos. Me siento como Moisés, dije sin pensarlo, para luego caer en cuenta de lo que estaba diciendo. Moshé y Moisés eran la misma persona y yo había estado jugando con su prodigiosa vara, la misma con la que convirtió las aguas de Egipto en sangre; con la que golpeó el polvo del suelo y apareció una nube de mosquitos; la que levantó hacia el cielo y empezó a caer granizo; con la que formó un ejército de langostas y separó las aguas del Mar Rojo. Estaba absorto con mis pensamientos cuando mi acompañante dijo- la vara no es el prodigio, el prodigio es… - ¡la voluntad!- interrumpí con un grito. -…el autodominio y la autodeterminación…el tercer biogenerador está encendido- concluyó. La vara entonces cambió de forma para dejar en mis manos una bella espada. Esta se llenó de una luz verde para activar la transportación hacia nuestro siguiente destino.

lunes, 10 de diciembre de 2012

La vara de Moshé



¿Por qué el desdoblamiento?- le pregunté a Na-Y- ¿Somos nosotros los que estamos aquí, o lo son los de la otra montaña?  Estamos en el tiempo del sueño-contestó- Déjame contarte una historia, en el principio de los tiempos habitaron aquí los Liru, los hombres serpiente. Cuenta la leyenda que aquí, en esta acumulación de piedras donde estamos, moraban los Liru venenosos, y en el monolito de enfrente, los Liru no venenosos. Dicen también que entre ellos se libró un cruenta batalla que terminó con la extinción de los primeros, gracias a la ayuda de la serpiente arcoíris. Sé que te preguntarás si eso fue cierto, y la respuesta es dual, si y no. Si habitaron aquí los Liru, y si se dio la batalla, pero esos habitantes eran solo unos, pero de naturaleza dual. En este tú universo todo es de naturaleza dual. Dos formas de tiempo coexisten, son dos corrientes paralelas en un ciclo infinito espiritual. La realidad y el sueño comparten este espacio llamado Tierra. La actividad diaria y objetiva se determina en el tiempo del sueño, un tiempo más real que la realidad misma, porque ahí se establecen los valores, los símbolos y las leyes que determinan la existencia. Tu y todos tus congéneres han librado una batalla desde el principio de los tiempos. Día con día se debaten con la polaridad para intentar alcanzar sus objetivos. ¿Entiendes ahora? Preguntó mi acompañante de travesía. Si- dije seguro- entiendo. Comprendo ahora lo que he estado viviendo. Sé ahora que toda esta aventura a tu lado ha sido dando brincos entre estos dos tiempos, entre estas dos polaridades. El entonces interrumpió- Todo  es  doble; todo  tiene dos polos, todo  su  par  de opuestos. En ese instante recordé que varias veces durante el viaje había escuchado que el fin de la polaridad estaba cerca, ¿significaba eso que nuestra existencia estaba por acabar?, ¿Estábamos ante el fin del mundo? Antes de formular las preguntas él me dio las respuestas: Los semejantes y los antagónicos son lo mismo, los extremos se tocan, todas  las  verdades  son semiverdades,  todas  las  paradojas  pueden  reconciliarse. En ese momento sentí que mi conciencia cambiaba de lugar. Ahora estaba de nuevo en el monolito donde llegue inicialmente. Ahí el otro Na-Y me entregaba una especie de bastón. Al tomarlo entre mis manos este se convirtió en una serpiente multicolor y elevó su cabeza para mirarme de frente. -Es la vara de Moshé.

domingo, 9 de diciembre de 2012

El ombligo del mundo



Me reintegro. Estoy solo en la cima de una gran roca rojiza, un especie de meseta abombada. Al alrededor del monolito un desierto amarillo y un gran silencio. Dónde está mi fiel acompañante- me pregunto- ¿será que es tiempo de que continúe solo la travesía? Entonces la energía recorre mis espalda de abajo hacia arriba, da un chispazo en mi corazón y otro en la frente. Esa es la señal inequívoca de que él está a punto de hacer aparición, pero esta vez no aparece. Unos momentos después la señal eléctrica se repite, pero Na-Y no toma cuerpo. Me está llamando-me dice una voz interior-Ve a buscarlo. La intuición me hace girar 180 grados. A lo lejos, a varios kilómetros de de arena, observo otra formación rocosa similar a la que tocan las plantas de mis pies. Por instinto trato de dar unos pasos hacia a delante para caminar a su encuentro, pero mis pies parecen estar clavados al suelo. La llamada eléctrica se repite, esta vez con más intensidad y un calor intenso emerge de la parte media de mi abdomen. Si yo soy quien soy –dice la voz interna- no existe nada que no pueda hacer, y es mi voluntad reunirme con él ahora. Intento de nuevo avanzar y una réplica holográfica de mí se separa de mi cuerpo, da la vuelta, se gira hacia mi y sonriendo me dice -Yo soy tú otro tu- Gira de nuevo y empieza a caminar hacia la otra formación rocosa y al hacerlo se desintegra ante mis ojos. Entonces mi conciencia de desdobla y aparezco en la cima de la otra montaña. Ahí Na-Y esta de pie junto a una réplica suya diciendo-tú eres mi otro yo- mientras esta desaparece y viaja en dirección opuesta. Su mirada se cruza con la mía y me dice “bienvenido al ombligo del mundo”.

sábado, 8 de diciembre de 2012

La octava frecuencia



La luz naranja disminuyó para poder mirar el disco y sus detalles. Una especie de sol con un rostro al centro estaba esculpido en lo que parecía era oro solido. Un coro de voces, que provenían de los 7 rayos, dijo simultáneamente- Solo los iniciados, los puros de espíritu, llegan hasta aquí para que les sea transmitida la sabiduría depositada en este santuario, tu has sido uno de los elegidos para ayudar en la transición que se viene. El fin de la polaridad es inminente y solo los que vibren con la octava frecuencia podrán regresar al origen. Acércate, pon tu mano derecha en tu corazón y con la otra toca el centro de la roca. Al hacerlo sentí de nuevo que una energía increíble recorría todo mi cuerpo a la velocidad de la luz y mientras eso sucedía millones de imágenes se proyectaban frente a mis ojos. Al concluir el proceso las voces regresaron para decir- la transmisión ha sido efectuada, y en su momento recordarás lo que haya que recordar y sabrás lo que haya que saber, ahora eres portador de la verdad y transmisor del flujo. Tu eres ahora simiente para reproducir la gran verdad. Las voces cesaron y los rayos regresaron por donde vinieron, solo la luz de la roca permaneció encendida. Acércate Na- Y y toca la roca conmigo -dije sin saber por qué-  es tiempo de transportarnos al siguiente templo. Al hacerlo ambos nos convertimos en rayos de luz y salimos por el octavo orificio.

viernes, 7 de diciembre de 2012

La roca de los orígenes.



Los 7 rayos, que antes estaban dispuestos alrededor del lago, se reunieron en semicírculo frente a nosotros. Mi reptiliano amigo dijo: Ellos son la voluntad, la sabiduría, el amor divino, la ascensión, la verdad, la virtud y el perdón. Al pronunciar cada atributo, el azul, el dorado, el rosa, el blanco, el verde, el anaranjado y el violeta se encendieron mas intensamente, luego se reunieron en un abrazo y convertidos en una especie de arcoíris, avanzaron hacia el cuerpo de agua. Mientras lo hacían el agua cedía ante su luz, para dejarnos un camino seco, que empezamos a recorrer lago adentro. Casi en el centro de la cuenca los rayos iluminaron una especie de lapida grabada y esta desapareció ante nuestra mirada y nos invitó a pasar. Adentro recorrimos una serie de túneles. La luz parecía emanar de las paredes. Mientras los recorríamos Na-Y dijo-escucha con atención- entonces me contó que este centro energético había sido instaurado, junto con la cordillera vecina, para reunir en armonía espiritual los 7 atributos mencionados y mezclar y difundir hacia todo el planeta la corriente del flujo de la vida. Luego me contó que un enviado desde la extinta Lemuria, Muru, trajo dos tesoros preciados para ser depositados aquí: Los rollos del conocimiento y la roca de los orígenes. A su llegada, y una vez depositados los tesoros en este lugar, la  cuenca fue inundada para ocultar el templo. Luego llegamos a un habitáculo  redondo, una especie de bóveda. En sus paredes se distribuían uniformemente 7 orificios apuntando al centro. Arriba de nuestras cabezas se abría una octava cavidad. Desde aquí se propagó la simiente de la sabiduría reptiliana en todo el planeta- dijo- todas las culturas asentadas aquí recibieron nuestra cosmología, a través del Dragón, Naga, Cobra, Amaru, Quetxalcoatl, Camaleón y Gárgola. De pronto de los orificios entraron los 7 colores y apuntaron hacia el centro del salón. Ahí se abrió un orificio más y ascendió una columna de cuarzo. Sobre de ella un disco dorado brillaba intensamente. Saluda a la roca de los orígenes, dijo Na-Y…

jueves, 6 de diciembre de 2012

los 7 rayos


Cuando llegamos era de noche. Nos convertimos otra vez en materia en lo que parecía una isla. Frente a nosotros se extendía un enorme lago. La luna, enorme y llena, se reflejaba en el espejo y pintaba de azul el cuerpo de agua. Hemos llegado al segundo chacra de la tierra, conoce al lago sagrado, depositario de la roca de los orígenes- dijo Na-Y- y mientras apuntaba con su dedo índice hacia mis genitales me ordenó: cierra tus ojos y enciéndele. En ese momento sentí como mi sangre  fluía más rápido y se concentraba en mi vientre tiñéndolo de naranja. Una mezcla de vergüenza y de placer me invadió pero él sentenció: para que la corriente vital pueda compartirse para perpetuarse debe ser como la roca de los orígenes. Entonces me dejé fluir. Instantes después la emoción y la sensación cedieron. Al abrir mis ojos ya no era de noche, ahora el sol era el que se reflejaba en el agua. Mi acompañante, que estaba hincado unos metros adelante, viendo hacia el lago, levantó su mano haciéndome una seña para que fuera a su lado. Él parecía estar meditando así que en silencio flexioné también mis rodillas y postre a su lado. ¿Entiendes la misión de este biogenerador?-preguntó sin abrir los ojos- Recordé los tiempos en que Adamus y Ti-Amat fueron creados para inaugurar a la raza humana y le dije entonces a manera de pregunta: ¿la sexualidad como medio para unir las polaridades? Él sonrió y luego levantó sus manos hacia el cielo. De improvisto 7 enormes rayos de luz de distinto color emergieron del lago para perderse en las alturas. Algo hay de eso mi amado discípulo, pero el asunto es mas profundo. 

miércoles, 5 de diciembre de 2012

Telos



Antes de partir al segundo templo quiero mostrarte algo-dijo Na-Y- señalando hacia el centro del cráter. Dé él empezaron a emerger cientos de bolas de luz de todos los tamaños y colores para rodearnos. Una especie de música, melodiosos golpes de cristales sonó mientras 2 de esas esferas crecían y conformaban a 2 seres. Eran altos, de melena rubia, larga y alborotada y con los ojos borrados y de un color tornasoleado. Ellos son los moradores y guardianes de ese lugar sagrado desde el principio de los tiempos. Llegaron de Mu, el primer continente habitado del planeta, ahora desaparecido. Nuestros antepasados, los Lemurianos, fueron anunciados del cataclismo que desparecería su territorio y fueron aleccionados para migrar a distintos destinos en el planeta. Un nutrido grupo fue elegido para venir aquí para preservar nuestra memoria y para edificar Telos, la cuidad luz bajo el Shasta. Conoce a Ra y a Rana Mu- me dijo mi guardián y amigo mientras señalaba hacia ellos.  Yo soy Ra, líder del consejo del templo, y ella es mi alma gemela rana Mu. Te damos la bienvenida a este templo de luz. Por aquí entrará el rayo sincronizador que cambiará la polaridad del planeta. Desde aquí eclosionará la vibración para ajustar los genes de los habitantes del séptimo planeta para los nuevos tiempos. Tú has sido elegido para el proceso y todos nosotros somos uno contigo. Dicho esto la música cristalina se intensificó y las esperas de luz regresaron hacia el interior del templo. –Es tiempo de partir- escuché a mi acompañante decir mientras una luz naranja nos envolvía y nos llevaba hacia el segundo templo. 

martes, 4 de diciembre de 2012

La cola del dragón



Convertidos en  dos pequeñas burbujas de luz roja y rodeados de una nube nos acercamos a nuestro destino. A lo lejos empezó a dibujarse un basamento piramidal de un azul intenso y veteado de luces blancas. De su cúspide parecía emerger una fumarola de nubes lenticulares. Una tras otra, de menor a mayor, ascendían para formar otra pirámide invertida que se perdía en el cielo. Al acercarnos me di cuenta de que no era una pirámide, sino una montaña enorme.                 

- Bienvenido a Shasta, “el Gran Espíritu”- dijo Na-Y mientras nos posábamos, ya reintegrados en nuestros cuerpos, en una ladera de un enorme cráter- Este es el primer templo del planeta, el primer biogenerador que se encendió para iniciar el proceso evolutivo del séptimo astro del sistema. Fue aquí por donde se inyectó la energía precursora de la vida para que se integraran todas las especies de la tierra. Desde aquí fluye la energía hacia los otros templos.

Mi guardián extendió uno de sus brazos palma abajo y lo dirigió hacia el centro del cráter, luego hizo lo mismo con el otro para colocarlo frente a la parte media de mi cuerpo, en la base de mi columna. De pronto una luz rojiza y caliente se encendió entre mis piernas. - cómo es arriba es abajo, el planeta y sus moradores comparten este templo, esta es la raíz que te conecta con la madre tierra. Es la voluntad de vida la que llega desde el centro del universo y fluye por este chacra.

¿Sabes?- le dije a Na-Y, no sé por qué, pero esto me recuerda a los primeros viajes que hicimos, donde me mostraste como la vida se empezó a abrir camino en el planeta, ahí donde vi como hervía la vida en un caldo cósmico y cómo millones de entes se aferraban para desarrollarse. Él sonrió y me dijo: Ya estás entendiendo. Aquellos viajes te mostraron el inicio, el Eón rojo del planeta y de la humanidad. Estuvimos entonces y estamos ahora ahora en la cola del dragón.