El diámetro del
pozo era como de 3 metros a lo sumo. El agua teñida de rojo resonaba con fuerza,
era como sentir y escuchar el pulso de alguien con ganas de vivir. La bóveda circular
apenas y nos contenía. En la parte superior, justo encima del pozo había una pequeña
abertura por la que pasaba un intenso rayo de luz que golpeaba el espejo de
agua rubí. Este es el receptáculo dónde donde se une el instinto
y el espíritu, tierra y Cielo- dijo Na-Y- es el centro del amor y solo el amor
puede fusionar espíritu y materia. La unión con lo divino, con los chacras
superiores, solo es posible si el grial es atravesado por la espada. ¿Quieres
que lance la espada al agua?-pregunté vacilante- Mi acompañante movió la cabeza
de un lado al otro y continuó diciendo- No es el corazón del planeta el que
debe ser atravesado, sino el tuyo, de eso depende el destino de la humanidad. Si
no lo haces, la transfiguración de los Adamus no se encenderá y el regreso al
origen será imposible. Entonces el miedo se apoderó de mí. Mis piernas
empezaron a temblar y mi respiración se agitó. Si estaba entendiendo bien, lo
que se me estaba pidiendo ahora era quitarme la vida. Este era el final del
viaje. Para esto había sido elegido, para llenar con mi sangre el cáliz y
ayudar a mis congéneres a volver a la fuente. Si bien es cierto que mi corta vida
había sido triste y solitaria, siempre me había ilusionado la idea de crecer,
de encontrar el amor que tanto me había faltado, pero ahora el destino me ponía
en una encrucijada. Mi vida a cambio de la vida de millones. Entonces la duda y
el miedo se disiparon. Una gran tranquilidad y una profunda emoción me
invadieron. Giré la espada y recargue la
empuñadura contra el muro de la cueva y puse el filo de la punta contra mi
pecho. Cerré los ojos y le dije a mi fiel acompañante, mientras dejaba caer mi
peso contra la punta de la espada “Si esto es lo que me pides, hágase tu
voluntad”…

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