sábado, 15 de diciembre de 2012

La sangre



El diámetro del pozo era como de 3 metros a lo sumo. El agua teñida de rojo resonaba con fuerza, era como sentir y escuchar el pulso de alguien con ganas de vivir. La bóveda circular apenas y nos contenía. En la parte superior, justo encima del pozo había una pequeña abertura por la que pasaba un intenso rayo de luz que golpeaba el espejo de agua rubí. Este es el receptáculo dónde donde se une el instinto y el espíritu, tierra y Cielo- dijo Na-Y- es el centro del amor y solo el amor puede fusionar espíritu y materia. La unión con lo divino, con los chacras superiores, solo es posible si el grial es atravesado por la espada. ¿Quieres que lance la espada al agua?-pregunté vacilante- Mi acompañante movió la cabeza de un lado al otro y continuó diciendo- No es el corazón del planeta el que debe ser atravesado, sino el tuyo, de eso depende el destino de la humanidad. Si no lo haces, la transfiguración de los Adamus no se encenderá y el regreso al origen será imposible. Entonces el miedo se apoderó de mí. Mis piernas empezaron a temblar y mi respiración se agitó. Si estaba entendiendo bien, lo que se me estaba pidiendo ahora era quitarme la vida. Este era el final del viaje. Para esto había sido elegido, para llenar con mi sangre el cáliz y ayudar a mis congéneres a volver a la fuente. Si bien es cierto que mi corta vida había sido triste y solitaria, siempre me había ilusionado la idea de crecer, de encontrar el amor que tanto me había faltado, pero ahora el destino me ponía en una encrucijada. Mi vida a cambio de la vida de millones. Entonces la duda y el miedo se disiparon. Una gran tranquilidad y una profunda emoción me invadieron. Giré la espada y  recargue la empuñadura contra el muro de la cueva y puse el filo de la punta contra mi pecho. Cerré los ojos y le dije a mi fiel acompañante, mientras dejaba caer mi peso contra la punta de la espada “Si esto es lo que me pides, hágase tu voluntad”…

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