Un sentimiento sobrecogedor me invadió mientras la espada de
luz atravesaba mi pecho. No sentía dolor, todo lo contrario, un infinito
placer, una especie de flujo amoroso comenzó a recorrer todo mi cuerpo. Me
sentía repleto de luz y de una calma asombrosa. En lugar de sentir que la vida
se me escapaba, me sentí más lleno de vida que nunca. Entonces la espada
desapareció por completo dentro de mi cuerpo y al voltear, vi como el agua del
pozo estaba llena de una luz centelleante que subía proyectada hacia el orificio
de la bóveda. La voluntad y el propósito amoroso han llenado el cuenco, el
cuarto biogenerador ha sido encendido- dijo Na-Y – tú, como el avatar del
cuarto éon, estuviste dispuesto a dar tu vida por amor a los otros, toma mi
mano. Entonces caminamos hacia el cuenco, nos metimos en él y nos dejamos bañar con su luz. Al hacerlo nos
fundimos con el rojo, y convertidos en un rayo de luz fuimos proyectados hacia
el infinito.

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