lunes, 17 de diciembre de 2012

La esfera azul

La velocidad con la que viajábamos era increíble, aunque sé que lo hacíamos convertidos en energía, mi conciencia me permitía ver y sentir el trayecto, era como si el viaje fuera por un tubo de luz. Las paredes, hechas de millones de partículas, parecía una cortina luminosa, y el sonido era similar al de una turbina de avión. Al dejar la gruta, lo hicimos bañados en una luz roja, pero a medida que avanzábamos fue cambiando. El color que ahora veía era un azul eléctrico, que de vez en cuando se tornaba plateado. La luz se fue haciendo más intensa, mientras que el sonido fue disminuyendo. Era señal de que estábamos llegando a nuestro nuevo destino. Al reintegrarse nuestros cuerpos Na-Y y yo quedamos de pie en la cima de una montaña. Algo que noté inmediatamente al llegar es que estábamos inmersos en un silencio total. Ni siquiera el sonido del viento, o el de mi respiración era audible. Era como si me hubiera quedado completamente sordo. Intenté articular unas palabras para interrogar a mi compañero, pero fue en vano. De mi boca, aunque se movía, no salía sonido alguno. Entonces escuché su voz, pero más que su voz era como una imagen mental de lo que decía. -No te alarmes querido Ian, hemos llegado al templo del verbo, al portal entre la mente y el cuerpo, a la esfera azul de la expresión divina. Formulé entonces una pregunta en mi mente y él pareció escucharla, porque de inmediato respondió, para reactivar este chacra de la tierra, y tu habla y tu sentido del oído se restablezcan, es necesario que contestes una pregunta… ¿Quién eres?, Ian, contesté telepaticamente, pero nada pareció cambiar. ¿Quién eres?, repitió él; soy Ian, mentalicé un poco desesperado. Silencio absoluto. ¿Quién eres?, escuché en mi mente por tercera vez. Entonces trate de calmarme, respiré hondo, y sin saber por qué, mi proyección mental fue…Yo soy Ian. Al hacerlo el sonido del viento golpeó mi rostro.

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