sábado, 1 de diciembre de 2012

los 4 enviados


Al reintegrarnos, Yexalen, mi madre, lucia un poco más joven, pero igual de hermosa. El paisaje había cambiado. Estábamos en otra pirámide junto a un mar azul turquesa. El sol estaba saliendo a nuestra izquierda y solo se oía el viento y el golpear de las olas barranca abajo. Sé que tienes muchas preguntas- me dijo con voz dulce- trataré de contestarlas. Fue aquí, hace poco más de 20 años que hice conexión por primera vez. Yo visitaba este lugar desde niña. Había entre estos muros algo que me llamaba. A veces creía escuchar una voz que pronunciaba mi nombre y que me decía algo que no podía entender. Un día, mientras oraba aquí mismo, una pequeña bola de fuego apareció frente a mis ojos para luego crecer y transformarse en un hombre alto, pelirrojo y con una mirada verde especial. No tuve miedo, era como la respuesta a mis plegarias. El me habló del tiempo sin tiempo y me dijo que el día del regreso estaba cerca. Me llevó a presenciar nuestra evolución y nuestra historia, me contó de los antiguos enviados y de su misión en el séptimo planeta. Me dijo también que yo recibiría uno en mi vientre y que trascendería una vez que lo diera a luz. Yo deseaba más que nada en este mundo procrear un hijo, y a pesar de rogar al cielo por eso, no había sido escuchada. Cuando él me anunció tu llegada no dudé en aceptarlo, porque, aunque no estaría físicamente a tu lado en tus primeros años, el me aseguró que pronto tú y yo estaríamos de nuevo juntos para compartir la eternidad; mas importante aun, supe en mi corazón, que estaba por concebir a un ser de luz, uno de los 4 enviados, que con la tercera hélice encendida, ayudarían a la humanidad a encontrar el camino de regreso. Aquí, hijo mio, -dijo finalmente mientras ponía su mano en mi pecho- se encierra el secreto de transición de los hijos del astro 7. Una lágrima se me rodó por la mejilla y antes de caer al suelo se convirtió, como nosotros, en miles de puntos de luz.

No hay comentarios:

Publicar un comentario