Na-Y y yo nos miramos fijamente. Su pupila vertical se iluminó
y encendió mi memoria ancestral de nuevo. Esta vez el viaje fue en mi interior.
El recorrido en mi cerebro me mostró, a cada chispazo, imágenes y sonidos del
pasado. Entonces reviví la historia colectiva fragmentada. Presencié la construcción
de las maquinas de piedra piramidales y circulares alrededor del planeta; vi
como mis antepasados las usaban para vibrar en frecuencias altas y entrar en estados alterados de conciencia, y
para, ya iluminados, poder viajar por el espacio-tiempo. De pronto la velocidad
de mi viaje disminuyó y se concentró en una geografía especifica; ahí fui
testigo de cómo los habitantes de una cuidad entera vibraban reunidos alrededor
de una pirámide. Una luz intensa descendía hasta la cúspide de la maquina de
piedra. Su vibración y sus cantos eran celestiales y me estremecían. Sin aviso,
y de poco a poco, a veces en pequeños
grupos, a veces solos, levantaban sus brazos al cielo y se desintegraban ante
mi vista. Todos desaparecieron hasta quedar solo una figura ante la mole de
piedra y cuarzo. Era una mujer de larga cabellera negra. Mi visión me acercó
hasta que pude ubicarme a su espalda. Ella empezó a girarse hacia mí hasta que
su dulce mirada se clavó en la mía y su hermosa sonrisa iluminó mi corazón. Era
Yexalen, mi madre. – es tiempo de que hablemos- me dijo mientras tomaba mis
manos para vibrar juntos hasta convertirnos en millones de chispas de luz para
dispersarnos en un cielo intensamente azul.
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