El “viaje” terminó como empezó. Al reintegrarnos tenía la sensación
de haber estado lejos por horas, habían pasado escasos segundos. Antes de desintegrarse
se hizo diminuto y me zumbó al oído: -Descansa
el cuerpo…- Yo terminé la frase… “pero que mi fuego interior nunca repose.” A la
mañana siguiente lo que había visto durante el viaje me metió en apuros. En la
escuela, el maestro de ciencias se refirió a la Tierra como el tercer planeta y
sin darme cuenta lo corregí diciendo “el
séptimo”. Ante el asombro del maestro y las risas de mis compañeros solo acerté
a decir: Todo depende desde dónde se cuente… desde el punto de vista del creado o del
creador. La clase se quedó en silencio. El maestro se quedó contando planetas frente
al dibujo del sistema solar que estaba en el pizarrón.

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