jueves, 22 de noviembre de 2012

La tercera intervención.


Fue mi cabello rojo, ¿sabes? Eso fue lo que hizo que mi padre dudara de serlo; bueno, tampoco me parezco en las facciones, ni en mi complexión a él. Ahora que lo pienso tampoco me parezco a ella. La conozco sólo por foto. Ella, como él, es bajita, tú lo has visto; yo soy alto y, a pesar de que no hago deporte, mi cuerpo parece de atleta.  Su piel es morena clara, la mía blanca; sus ojos obscuros como la noche y los míos de un verde claro aceitunado. ¿Por qué la genética me jugó esa mala pasada? Mi padre me quiere, a su modo, lo sé, lo veo aun en su mirada triste. A veces lo sorprendo arropándome por la noche, o mirándome fijamente sin razón alguna. Sus ojos se llenan de lagrimas y solo atina a decir “ese pelo encendido que parece de fuego” La genética no te jugó una mala pasada y tampoco tu madre le fue infiel a tu padre-me dijo- fuimos nosotros, fui yo. Tú eres parte de la tercera intervención. 

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