domingo, 18 de noviembre de 2012

Adamus y Ti-amat


Cuando salí del trance sus ojos de pupila vertical me estaban mirando  fijamente y despedían un brillo especial. En  esta última conexión telepática vi, en brincos de imágenes, otra parte de la historia.  La Tierra, el planeta numero siete, como él le llama, ya estaba poblada por cientos de Adamus; ellos, clonados de la Gran Madre, habían sido creados como trabajadores primitivos, para extraer oro en Kemet, la tierra de los negros. El metal amarillo sería llevado a Nibiru, para ayudar a restablecer su atmósfera. Eran cientos, pero algo había salido mal. Ninmah, formaba clones incapaces de reproducirse y con algunos defectos para el oficio que se les necesitaba. Después de la primera intervención genética nació el primer Adamus mejorado. Los 223 genes agregados le dieron genitales, las escamas de la piel fueron substituidas por una piel tersa y cubierta de vellos, sus manos resultaron más aptas para la extracción del mineral preciado y su estructura cerebral era capaz de aprender y retener información. Pero aun faltaba algo por hacer. El nuevo Adamus no tenía una contraparte femenina para iniciar la población que se necesitaba; entonces vi a Enki intervenir de nuevo. Con un procedimiento similar al usado con la Gran madre, él extrajo el hueso báculo  del pene de Adamus 223, para ser modificado e implantado en Ninmah. De esta inseminación nació una fémina que podía ser fecundada sexualmente por Adamus. A esta mujer la llamaron  Ti-Amat, en honor al nombre antiguo del séptimo planeta. ¿Adán y Eva?-pregunté. Él por primera vez pareció sonreír y dijo – con la piel mas obscura y con mucho más vello del que te hicieron creer.

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