Cuando salí del trance sus ojos de pupila vertical me
estaban mirando fijamente y despedían un
brillo especial. En esta última conexión
telepática vi, en brincos de imágenes, otra parte de la historia. La Tierra, el planeta numero siete, como él
le llama, ya estaba poblada por cientos de Adamus; ellos, clonados de la Gran
Madre, habían sido creados como trabajadores primitivos, para extraer oro en
Kemet, la tierra de los negros. El metal amarillo sería llevado a Nibiru, para
ayudar a restablecer su atmósfera. Eran cientos, pero algo había salido mal.
Ninmah, formaba clones incapaces de reproducirse y con algunos defectos para el
oficio que se les necesitaba. Después de la primera intervención genética nació
el primer Adamus mejorado. Los 223 genes agregados le dieron genitales, las
escamas de la piel fueron substituidas por una piel tersa y cubierta de vellos,
sus manos resultaron más aptas para la extracción del mineral preciado y su
estructura cerebral era capaz de aprender y retener información. Pero aun
faltaba algo por hacer. El nuevo Adamus no tenía una contraparte femenina para
iniciar la población que se necesitaba; entonces vi a Enki intervenir de nuevo.
Con un procedimiento similar al usado con la Gran madre, él extrajo el hueso
báculo del pene de Adamus 223, para ser modificado
e implantado en Ninmah. De esta inseminación nació una fémina que podía ser
fecundada sexualmente por Adamus. A esta mujer la llamaron Ti-Amat, en honor al nombre antiguo del
séptimo planeta. ¿Adán y Eva?-pregunté. Él por primera vez pareció sonreír y
dijo – con la piel mas obscura y con mucho más vello del que te hicieron creer.

No hay comentarios:
Publicar un comentario