El primer viaje- por llamarlo de alguna manera- fue de
improvisto, al menos para mí. Ese día se apareció de un tamaño propicio para
poder abarcarme debajo de una de sus alas. Pensé que volaríamos, pero no fue
así; un calor intenso se produjo y empezamos a vibrar intensamente. Frente a
mis ojos el patio de mi casa se fue desdibujando para convertirse en millones
de puntitos de luz que giraban en grupos a una velocidad impresionante. No me
pregunten porque, pero no tuve miedo, por el contrario, lo que parecía vértigo se
fue convirtiendo en un sentimiento de dicha indescriptible. En segundos el
espectáculo de luz disminuyó su velocidad y un nuevo paisaje se fue
reconstruyendo. Un mar infinito color naranja, que parecía fundirse con el
cielo, quedó bajo nosotros, que flotábamos unos metros arriba. Tampoco había diferencia
entre las nubes y el vapor que el agua despedía. ¿Dónde estamos?- pregunté- , “Aquí
y Ahora… Donde todo comenzó”

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