Su enorme nariz rozó ligeramente mi cuerpo, para asegurarse
que despertara. Un aliento tibio y azufrado me hizo consciente de que el fuego
aun recorría mi interior. Al abrir los ojos solo pude percibir que una nube de
humo azulado desdibujaba su silueta…

No hay comentarios:
Publicar un comentario