martes, 4 de diciembre de 2012

La cola del dragón



Convertidos en  dos pequeñas burbujas de luz roja y rodeados de una nube nos acercamos a nuestro destino. A lo lejos empezó a dibujarse un basamento piramidal de un azul intenso y veteado de luces blancas. De su cúspide parecía emerger una fumarola de nubes lenticulares. Una tras otra, de menor a mayor, ascendían para formar otra pirámide invertida que se perdía en el cielo. Al acercarnos me di cuenta de que no era una pirámide, sino una montaña enorme.                 

- Bienvenido a Shasta, “el Gran Espíritu”- dijo Na-Y mientras nos posábamos, ya reintegrados en nuestros cuerpos, en una ladera de un enorme cráter- Este es el primer templo del planeta, el primer biogenerador que se encendió para iniciar el proceso evolutivo del séptimo astro del sistema. Fue aquí por donde se inyectó la energía precursora de la vida para que se integraran todas las especies de la tierra. Desde aquí fluye la energía hacia los otros templos.

Mi guardián extendió uno de sus brazos palma abajo y lo dirigió hacia el centro del cráter, luego hizo lo mismo con el otro para colocarlo frente a la parte media de mi cuerpo, en la base de mi columna. De pronto una luz rojiza y caliente se encendió entre mis piernas. - cómo es arriba es abajo, el planeta y sus moradores comparten este templo, esta es la raíz que te conecta con la madre tierra. Es la voluntad de vida la que llega desde el centro del universo y fluye por este chacra.

¿Sabes?- le dije a Na-Y, no sé por qué, pero esto me recuerda a los primeros viajes que hicimos, donde me mostraste como la vida se empezó a abrir camino en el planeta, ahí donde vi como hervía la vida en un caldo cósmico y cómo millones de entes se aferraban para desarrollarse. Él sonrió y me dijo: Ya estás entendiendo. Aquellos viajes te mostraron el inicio, el Eón rojo del planeta y de la humanidad. Estuvimos entonces y estamos ahora ahora en la cola del dragón. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario